lunes, 4 de noviembre de 2013

The Dance



Esos acordes. Esa ligera melodía de piano. Era empezar a sonar y algo se removía en lo más profundo de su ser. Los más bellos recuerdos se agolpaban en su memoria. Corriendo como si todos quisieran ser el primero en ser rememorado. Y escalofríos. No podía evitarlo, lo siguiente eran escalofríos que le recorrían todo el cuerpo. Podían sonar a tópico esas sensaciones si él tratara de explicarlas a viva voz. Incluso podían tacharlo de cursi. Pero no. Él no lo hacía. Él se lo guardaba todo. Y bailaba. Siempre bailaba con esta canción. A veces solo y otras muchas acompañado, pero siempre con sus recuerdos bien presentes. Y eran muchos. No podía mentir, había bailado esta canción con muchas chicas. Todas ellas perfectas: rubias, de tez clara y ojos verdes. Ése era su canon de belleza. Él no debía estar mal, pensaba, ya que parecía ser irresistible y ninguna le rechazaba cuando les pedía bailar. Y lo pasaba bien bailando una y otra vez. Para él siempre había otro baile.  Siempre había otra rubia de tez clara y ojos verdes. Para ellas no. Para ellas ese baile iba a ser el último de sus vidas.


Inspiración: la canción The Dance, de Garth Brooks



13 comentarios:

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    1. Tu, que siempre me has leído con buenos ojos. :)

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  2. Bailaba en el club social de cala manzanera

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  3. Perverso el bailarín. Creo que se clavó una "s" por una "c" en "son sus recuerdos bien presentes... "

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    1. No te digo yo que siempre hay una errata dispuesta a esconderse hasta mejor ocasión...

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  4. A cualquiera se le quitan las ganas de bailar con él, aunque fuera irresistible... Bufff!! Oye, Ramón, tus relatos siempre son breves? Un beso.

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    1. No, no siempre lo son. Hay algunos por el blog más larguitos.
      Gracias por tus palabras y por la visita, Mary.

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  5. Muito interessante o seu relato
    Ele se considerava com certeza um "adónis "
    :)

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    1. Sí, eso parece. Y lo que era en realidad era un psicopata.
      No suelen verse ellos como tal.

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  6. Muy bueno Ramón. Menos mal que a este le gustan las rubitas de ojos esmeralda y no lo aprendices de astronautas de Murcia, porque sería ya lo último que le pasara a mi pobre Alejo, jajaja. Oye, y aunque no has dicho el nombre de tan sibarita asesino yo sé quien era, amigo, sin duda era Kent. Un Fuerte abrazo.

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    1. No!! A Alejo que no me lo toquen a mi tampoco! jajajaja
      ¿Quién es Kent? Porque ahí me has dejado a cuandros...
      Un abrazo!

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  7. Aquí ya apuntabas maneras, al igual que en el primero, y fue por lo que decidí no perderte de vista.

    Fui el número dos en seguirte, creo, o el uno.

    Saludos.

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    1. Y no sabes lo agradecido y halagado que me siento por ese seguimiento.
      Un abrazo muy fuerte amigo!

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