jueves, 13 de noviembre de 2014

La Colección Stonard (Uno)

Uno


            “Después de cinco meses como investigador privado, el balance que puedo hacer no es todo lo bueno que esperaba. Y no ya sólo por la escasez de casos a resolver, si no más bien por la poca relevancia de los mismos. Lo más apasionante fue cuando le encontré el perro a Cindy, la del segundo, que además, al ser vecina, no le cobré mi minuta...”
            Y es que Chinan no es lo que podríamos entender por un detective normal. Pero es que en él nada es normal. Ese adjetivo le viene grande en casi todos los aspectos. El apelativo que más se le ajusta es vulgar. Destacar una cualidad suya, que le hiciera resaltar sobre los demás, sería una ardua tarea por mucha buena voluntad que se tuviera. De estatura media y figura bastante desgarbada, su cuerpo contiene la misma cantidad de grasa que un sándwich vegetal. Su rostro blanquecino es de los que se olvidan con la misma facilidad con la que olvidamos un estornudo.
            Parte de su vida ha girado en torno al mundo del arte, más por la poca durabilidad de sus empleos que por su propio interés en ese mundo. En poco más de un año ejerció como bedel del museo de una localidad cercana, a conserje de la biblioteca de su pueblo. Incluso cuando decidió hacerse detective privado despreció una maravillosa y prometedora carrera en el mundo del cine, como acomodador del Luxor, el cine de su pueblo. Sala de reestreno por las tardes y de películas X por las noches. El Luxor tuvo su época de esplendor cuando aún era un teatro. De esa época conserva todavía el foso para la orquesta, el habitáculo del apuntador y un escenario cuyas tablas ya no son frecuentadas ni por las termitas. La decoración aun recuerda el glamour de los buenos tiempos, aunque por los desconchados de la pintura se diría más bien que ya acabó la última gran función de su carrera y que está desmaquillándose para pasar a mejor vida.
            Pero él es un tipo con la miras muy altas, demasiado para el nivel de inteligencia que posee. Y es que en las pocas cosas que llega a destacar por encima de la media son su total falta de criterio y su nula competencia laboral.
            “Quizá no debería haberme gastado esa cantidad de dinero en mis estudios de detective. Ahora creo que cinco mil pavos por un curso por correspondencia es demasiado, no sé. Al menos tengo un título. No tengo trabajo, pero sí un título... Soy licenciado, pero no puedo pagar el alquiler... Ganaba más cuando era un inculto sin diploma que ahora que tengo uno que lo acredita... ¿Me aceptarán de nuevo en el Luxor?”
            Pero no todo es culpa suya. Algún Dios, si es que cualquiera de ellos se tomó la molestia de fijarse en él, gastó todo su sentido del humor con su vida, desde el mismo inicio de ella. Un mes antes de nacer, murió su padre. Durante el parto quedó huérfano de madre. Al mes de su nacimiento fue adoptado y en menos de un año volvió a quedar huérfano. Vivió hasta la mayoría de edad en el centro de acogida del pueblo. Y no por ello fue menos feliz que el resto de los niños, pero esto es debido a su falta de consciencia, innata en él.
            Casi todo lo que conoce de la vida lo aprendió en el Luxor. Ya desde pequeño frecuentaba el que hasta hace unos meses sería su último lugar de trabajo. Esto no hizo sino crearle más confusiones de las que ya había desarrollado en su etapa escolar. Vivía en un mundo de fantasía perenne. Cegado por el esplendor de los films policíacos. Entonces supo que él quería ser el detective alcohólico que se queda con la rubia peligrosa. Y no se puede decir que haya fracasado por completo, es un detective y un alcohólico.
            - Hola Chinan, ¿qué tal? ¿Lo mismo de siempre? – le preguntó Mike, su mejor amigo y gerente del club-restaurante-sala de fiestas del pueblo. Mike y él han crecido correteando por todas y cada una de las variopintas calles de su localidad natal. De haber vivido en un lugar más grande habrían tenido muchas opciones de haber acabado en algún clan mafioso, pero su pueblo no es el lugar idóneo para ese tipo de oficios. Mike y Chinan son de la misma edad, un par de meses mayor Chinan, ambos han pasado hace un tiempo la barrera de los treinta, estando mas cerca de ella que de la de los cuarenta. Mike es un tipo de mayor inteligencia y mas emprendedor que su amigo, cosa bastante fácil por otro lado. Además de en el local de su propiedad, reparte su tiempo en chanchullos en la frontera de lo legal. Ambos comparten además una estatura semejante, aunque la complexión del empresario es más atlética que la del detective, modelada a ratos en el gimnasio que se ha montado en el sótano del club. Le gusta cuidar su imagen como si en el momento menos esperado le fueran a inmortalizar en algún óleo. Así una buena parte de sus ingresos los destina a ropa, productos de belleza y salud que la mayoría de los hombres del pueblo no saben ni que existen.
            - No Mike, hoy quiero cenar sobrio, por variar... Ya sabes...
            El Luxor también ayudó, en gran medida, a que sus relaciones fueran de fracaso en fracaso. Con el tiempo aprendió que sólo hay un modo para que las relaciones sean idénticas a las películas X. Y aún siendo más caro, es el que más asiduamente ha ido practicando. Tanto es así que casi se le podría catalogar de catador oficial del “Michele’s night club”. Como no podía ser de otra manera, tanto abono le ha llevado a cultivar grandes amistades dentro de la profesión. Gracias a las cuales subsiste, en parte, en los momentos malos. Es decir, casi a diario.
- ¿Que tal el día, jefe? – Le susurró al oído Vanity, una de las chicas del club y su secretaria en los ratos libres.
- Mantenemos la media de casos diarios. Lo cual sería excelente si tuviéramos casos diarios. – Respondió sin apartar la vista del plato del día. Mas pendiente de alimentar su apetito físico, que el apetito sexual al que ese susurro le habría abierto en cualquier otro momento. - ¿Puedo dormir otra vez aquí, Mike?
            - ¿Siguen montando guardia en tu casa?
            - Sí, y eso que llevo días sin aparecer por allí. Pero de camino aquí he visto a Rob merodeando por la puerta con el bate. Ya sabes como se pone cuando no cobra...
            Rob, viejo amigo también de Chinan, es un tipo alto y delgado, de rasgos más que dibujados, esbozados, casi caricaturizados. Y con una voz tan grave, que casi se podría penalizar por contaminación acústica. Es famoso en el pueblo tanto por su mal carácter como por su pasión por la corrección gramatical. En realidad es un académico frustrado, lo cual le ha llevado a acrecentar sus impertinencias con los que le rodean. Aunque también es posible que las amistades de ideología, cuando menos, poco recomendable por las que se ha visto rodeado él y algún miembro de su familia hayan ayudado a su constante estado de malhumor. No en vano un familiar cercano fue captado por una secta de vegetarianos radicales, y cuando pudieron sacarle de allí no era capaz de distinguir un solomillo de ternera de un cenicero.          
- Está bien, quédate. Pero tienes que solucionar lo de Rob cuanto antes.
            - Gracias tío. Haré lo que pueda, pero no prometo nada...
            Y desapareció escaleras arriba. Murmurando y maldiciendo. Unas escaleras que otras veces le habían conducido a cumplir mil y una fantasías. Hoy las subía con la esperanza de que al menos sus sueños se cumplieran mientras dormía.



¿Continuará? Puede que sí, puede que no...

11 comentarios:

  1. Tu novela empieza muy bien amigo Ramón, es más das tantos detalles del protagonista que ya parece que lo conociera de toda la vida (aparte de que los das con una gracia y un buen humor que, te hay que reconocer, alegras la mañana). Pues sí, me gustará saber cómo continua y qué sentido le vas a dar a la pobre y miserable vida de Chinan. ¡Venga va, coño que ya tardas! ja,ja,ja,ja,ja,ja

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    1. Pues me alegro mucho de haberte alegrado, jejejeje... Mucho me temo que me voy a arrepentir de haber publicado esta entrada... jeje De todos modos, tengo suficiente escrito como para ir dosificandolo hasta ver si soy capaz, o no, de continuar... Muchas gracias por tu apoyo, compañero!

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  2. Me acabo de imaginar a Rob dando golpes con una porra porque alguien ha puesto una falta ortográfia o ha dicho "y india" o cosas por el estilo jajaja
    La verdad es que me ha llamado la atención, tal vez podrías seguir subiéndola y escribirla... Podías haberte puesto a escribirla para el NaNo, ¿sabes? jajaja
    ¡Un besín!

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    1. Pues, alguna escena como la que describes puede que hubiera, no lo recuerdo, pero Rob tiene muy mala leche... jejeje
      No descarto el seguir subiendola, aunque eso "me haga" tener que acabarla... jejeje
      Con respecto a lo del NaNo... habría sido trampa, creo que tengo escrito más de la mitad de esas 50mil palabras (en concreto 28744)... ;-P
      Besicos!

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  3. Muy buena historia.....encantaria q continuase....!!

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    1. Muchas gracias, Betty, me alegro que te haya gustado. :-)

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  4. Emulando a Bogart en la inmortal Casablanca: "Louis, presiento que este es el comienzo de una hermosa novela..."
    No sé si hermosa, pero divertida sí que promete ser. Habrá que estar atentos a futuras entregas. Un abrazo, Ramón.

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    1. Si lo dice Bogart... No hay más que añadir, señoría... jeje
      Me congratula que te parezca divertia, compañero, veremos hasta donde llego... si es que soy capaz de pasar el último punto...
      Saludos, Pedro.

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  5. Gracias por compartir, como siempre.
    Besos.

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