domingo, 14 de diciembre de 2014

#TeRoboUnaFrase (VI): Siempre Nos Quedará París

Para todos los que estéis interesados en jugar en el mes de enero, podéis encontrar la frase con la que participaremos al final del texto, así como la fecha y unas cuantas frases para que votéis por la que más os guste para febrero.
Os recuerdo que podéis dejar propuestas de frases en los comentarios. También voy a copiar el código de InLinkz al final de mi entrada por si a alguien le da algún problema.
 La frase con la que jugamos esta vez es la siguiente:

Convirtió en garra la mano derecha y con ella trató de rasguñarme la cara con sus afiladas uñas. Tenía los dientes apretados y regañaba como un perro furioso. La agarré de la muñeca. —De Dashiell Hammett  sacada de su novela: El hombre delgado



     Tenemos información contrastada sobre nuestro objetivo. —Dije con voz neutra.
     Tú dirás, Amanda. —Contestó Regina Palmer, mi jefa directa dentro de la Agencia.
     Sabemos que va a cerrar una compra de armamento dentro de dos días en Lyon.
     ¿Sabemos a quién?
     A mí.

Me miró sin sorpresa alguna en su rostro. Si por algo era conocida en la Agencia era por mi ir siempre dos pasos por delante de todo el mundo. Incluidos mis jefes.

     ¿Quiero saber cómo lo has conseguido?
     No es necesario que lo sepas Regina.

Asintió sin ninguna expresión en particular en su rostro. Esto era muy habitual en nuestro sector. Cuando pasas años infiltrado en las líneas enemigas es la primera lección que debes aprender, a tener cara de nada.

Llevábamos unos meses tras la pista de Lorraine Duff, una de las mayores traficantes de armas, además de jefa de La Resistencia, uno de los grupos terroristas más activos de occidente. Por lo tanto era objetivo doble para la Agencia. Y por ello era doble la presteza y la cautela con la que nos debíamos mover.

Lo primero que hicimos fue detener a su proveedor habitual, Chris Cameron. Un ex federal que había abandonado su trabajo tras una de sus misiones en oriente medio. Allí había hecho muchos contactos y, mitad por motivos morales, mitad por motivos económicos, decidió pasarse al sector privado.

     Hola Chris. —Fue el escueto saludo de Marvin Jackson, su excompañero de fatigas.
     Marvin, ¿qué ocurre? —Dijo con cierta angustia.
     Sabes muy bien lo que ocurre. No te hagas el tonto. Llevamos tiempo tras tus pasos.
     No sé de qué me hablas. —Intentó seguir con ese discurso. Yo lo observaba todo al otro lado del espejo.
     Lo que no entiendo, Chris, es cómo eres capaz de vender tus mierdas a gente que atenta contra tu país. Contra los que en algún momento hemos sido compañeros tuyos. —Dijo Marvin con cierta tristeza.
     Marv… Me conoces… Sabes que yo…
     ¡Ya está bien! ¡Te tenemos grabado! Tanto en audio como en vídeo. Vendiendo armas y quién sabe si secretos a grupos terroristas, como La Resistencia.
Chris no dijo nada. Su cara cambió, ya no fingía sorpresa. Sabía que si Marvin hacía ese tipo de acusaciones era porque las tenía bien atadas, nunca iba de farol.

     ¿Qué me ofreces? —Dijo por fin.
     Si por mí fuera no te ofrecería nada. Pero no es así, por desgracia. Necesitamos que recomiendes a alguien a Lorraine Duff.
     ¿Estás loco?
     No. Dile que te han detenido y que no puedes seguir haciendo negocios con ella.
     Si hago eso sabrá que es una trampa. No se llega a su posición siendo tonta o confiada.
     ¿Qué propones?
     Puedo decirle que voy a estar un tiempo fuera de servicio porque me temo que puedo estar quemado, que creo que os tengo pisándome los talones y que no quiero que ella se vea involucrada.
     ¿Y cómo le cuelas el nombre que nosotros queremos?
     Tiene que ser ella la que me pida algún sustituto.
     Es mucho riesgo, Chris. Ella puede tener algún nombre ya en la reserva.
     Depende lo que le queráis vender.

El agente Jackson asintió. No todo el mundo podía tener en venta según qué productos.  Teníamos que ofrecerle armamento pesado. Misiles en concreto. Si le ofrecíamos algo con lo que pudiera atentar contra, casi, cualquier objetivo podría ser que mordiera el anzuelo.

Y funcionó. Pocos días después recibí una llamada.

     ¿La señora Amanda Michaels? —Era una voz masculina.
     Señorita… —Contesté yo con desgana.
     Buenas tardes, señorita Michaels. Soy Brett Griffith, le llamo de parte de Lorraine Duff.
     ¿No sabe llamar ella sola? —Pregunté manteniendo la desgana.
     Quería saber si podían verse en persona, para conocerse y saber así si podrían hacer negocios entre las dos. —Dijo, haciendo caso omiso de mi impertinencia.
     ¿Quiere conocerme en persona?
     Así es…
     Pero no es capaz de llamarme ella en persona…

Esto pareció desconcertar al tal Brett. Hubo unos instantes de silencio.

     Buenas tardes, señorita Michaels. —Ahora era una voz femenina la que me hablaba— Soy Lorraine Duff, disculpe la falta de tacto de mi empleado.
     Buenas tardes. —Me limité a decir.
     Me han hablado muy bien de usted y quería comprobar en primera persona si es tal y como dicen.
     Seguramente no lo seré.
     Nadie lo es, ¿verdad? —Dijo entre risas.
     Cierto. —Seguía siendo escueta en mis contestaciones.
     ¿Me hará el favor de cenar conmigo entonces?
     Sigo la recomendación que me hizo mi madre de pequeña y no suelo quedar con desconocidos.
     Bueno, tenemos un amigo en común. —Seguía riendo— Chris Cameron. Él ha sido el que me ha hablado de usted.
     ¿Puede llamarme en unos minutos? Tengo que comprobar que lo que dice es cierto.
     ¿No es usted muy desconfiada?
     Debo serlo si quiero seguir en este negocio. —Hubo un silencio que yo interpreté como una manera de asentir a mis palabras.
     De acuerdo, la llamaré en media hora, ¿le parece bien?
     Me parece bien.

Con una puntualidad británica recibí noticias de ella pasados los treinta minutos. Acordamos vernos en París, una semana después. Al parecer las dos teníamos asuntos que resolver en la capital francesa.

Nos citamos en el Epicure, un restaurante bastante lujoso, con una decoración demasiado recargada para mi gusto y que hacía presagiar que los precios no iban a ser bajos. Cuando llegué pregunté por la mesa de la Sra. Duff y un tipo bastante estirado, que sería el maître del local me acompañó hasta ella.

Le ofrecí mi mano a modo de saludo y ella me plantó dos besos, uno por mejilla.

     Pensaba que sería mayor. —Dijo ella mientras me invitaba a sentarme con un gesto.
     Yo también pensaba lo mismo. —Contesté con una sonrisa que ella me devolvió.
     Aun así soy mayor que usted, señorita Michaels.
     Llámeme Amanda.
     Solo si tú me llamas Lorraine y comenzamos a tutearnos.
     Me parece bien. —Volví a sonreír al tiempo que me apartaba un mechón de la cara.

Pasamos la velada hablando de nuestras vidas. Yo de la de mi personaje y ella de la suya propia. Conocía suficientes detalles de la suya como para saber que no estaba mintiéndome. Yo le hablé de mi infancia en Dakota del Norte. De mis estudios de arte en la Escuela de Diseño de Rhode Island. Y de cómo me vi metida en el negocio de las armas, después de haber pasado años traficando con obras de arte robadas. Ella me habló de su Oklahoma natal. De cómo no había podido estudiar por razones económicas, pero que había aprendido mucho de la (manida) Universidad de la Calle. Mientras repasábamos nuestras andanzas fueron cayendo un par de botellas de vino blanco. Debía ser bueno, porque hasta yo notaba que era bueno. En la sobremesa ella pidió coñac y yo bourbon. Continuamos con las risas y las batallitas un buen rato. A eso de las once decidimos marcharnos de allí.

     ¿Te apetece tomarte la última en mi hotel? —Preguntó ella con cierto rubor.
     Me encantaría… —Contesté yo con voz tímida.

Su chófer nos llevó hasta Le Bristol. Un hotel igual de lujoso que el restaurante, con el que compartía también el gusto por la decoración recargada. Una vez en la suite me ofreció otro bourbon y ella se sirvió otro coñac. No fue hasta la tercera ronda que lancé mi ataque. Me acerque a ella, le aparté un mechón moreno de su rostro y la besé. Ella pareció sorprenderse al principio, pero me devolvió el beso con cierta ansia.

Los besos nos llevaron hasta el dormitorio, al tiempo que nuestras ropas iban dejando un reguero por toda la suite. La temperatura de ambas subía exponencialmente, así como la excitación. Empezaba a quedar claro algo que yo ya conocía: que a ella le gustaba el sexo duro. Tanto era así que convirtió en garra la mano derecha y con ella trató de rasguñarme la cara con sus afiladas uñas. Tenía los dientes apretados y regañaba como un perro furioso. La agarré de la muñeca y la tiré sobre la cama de un empujón. Puse mi cuerpo desnudo sobre el de ella. Y comencé a recorrer todo su cuerpo con mis labios y mi lengua, al tiempo que la iba azotando. Ella gemía y gritaba, clamando a dios y rogándome a mí que no parara. Hicimos el amor como si no hubiera un mañana. Nos desfogamos varias veces antes de darnos una buena ducha las dos juntas, para volver a desfogarnos otras tantas veces antes del alba.

     ¿Te he dado una buena impresión? —Pregunté entre besos.
     La mejor de todas. —En su rostro había felicidad. No diré que se había enamorado de mí, por no sonar presuntuosa, pero algo había provocado en ella.

Nos vimos durante toda la semana que ella estuvo en París. Y retozamos como locas todas y cada una de las noches.

     ¿Me llamarás? —Pregunté mientras acariciaba su cabello— Aparte de los negocios, me refiero.
     Qué tonta eres… Claro que sí… —Contestó ella besándome.
     Bueno, y si no lo haces, siempre nos quedará París… —Dije en un tono tan cursi que casi me dieron arcadas.

Nos volvimos a ver en Praga y en Munich, con la misma fogosidad. Yo le dije que debía volver a Chicago para un asunto familiar, pero que confiaba en poder hacer negocios, por fin, con ella a mi vuelta a Europa.

Y en esas estábamos, en Lyon, a punto de cerrar la compra venta de doce misiles cuando sonaron unas sirenas. Ambas pusimos cara de sorpresa, como diciéndonos con la mirada: ¿has sido tú? Tratamos de huir, tanto nosotras como nuestros séquitos. Pero era inútil. La zona estaba completamente rodeada.

Nos esposaron, a mi tenían que detenerme también para no reventar mi verdadera identidad,  y nos metieron a cada una en un coche distinto. Pude leer en sus labios: siempre nos quedará París. Casi me dio pena. Su coche fue hasta un avión privado que la iba a llevar a una penitenciaria de máxima seguridad, a la espera de juicio. El mío me llevó a un avión privado con rumbo a Washington DC. Allí me esperaba un coche para llevarme a Langley.

Una vez allí me recibieron con aplausos. Les gustaba mucho el cachondeo a mis compañeros, aunque sus palabras de felicitación sonaban sinceras.

     Buen trabajo, Amanda. —Fue el escueto recibimiento de Regina, mi superior.
     Gracias jefa.
     Espero que no hayas deshecho la maleta, mañana sales para El Cairo.

Me limité a sonreír sin más. Ya estaba acostumbrada a que mi vida fuera así.


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La próxima entrega será desde las 0:00 del lunes 19de enero hasta las 23:59 del viernes 23. La frase que os propongo es la siguiente: Nadie respondió. El viento suspiraba entre los árboles, haciéndoles emitir susurros misteriosos. A la sombra oscilante de los olmos que se alzaban del otro lado del muro podía ver la lápida de Hubert Marsten. —De Stephen King, sacada de la novela: El misterio de Salem’s Lot. 


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Estas son las frases que os propongo para que votéis: 

1ª—Cuando llegamos a la planta baja me dije que era el momento de intentar escaparme. En el sótano sería demasiado tarde. —Cornell Woolrich —Del relato: A través del ojo de un muerto.


2ª—Nos situamos ante la puerta negra, que se abrió sola, lentamente, con un algo casi amenazador. Más allá, un estrecho pasillo se adentraba en la casa. Las paredes de ladrillos de cristal irradiaban luz.—De Raymond Chandler, sacado de la novela: Adiós, muñeca.

3ª—La dama alzó los ojos sorprendida, y al verle, se mostró más sorprendida aún. Él le envió un beso con los extremos de los dedos. La dama sonrió con los extremos de los labios. Los extremos se tocan… Y Valdivia, que no ignoraba esto, descorrió la puerta y entró. —De Enrique Jardiel Poncela, de su novela:  Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?
 

4ª— ¡Creíamos que estabas muerto!
Hubo de admitir que no se trataba de una frase demasiado buena. Si pones a alguien sobre una losa y lo rodeas de velas y lirios, no es porque crees que tiene una leve jaqueca y necesita echarse media horita. —Terry Pratchett —El Segador



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19 comentarios:

  1. Joder, colega, que novelón de cine negro te has marcado aquí, ¿hasta te has atrevido a darle un "ligerito" tono erótico eh? ¡eres un crack! te felicito, una excelente historia. Saludos y feliz semana compañero!

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  2. Por cierto, de las frases me quedo con la primera, las demás las veo muy "amaneradas" y excesivas ¿no nos multarán alguna vez por poner en nuestros relatos estas frases, al fin y al cabo, las plagiamos no?

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    1. Respondo aquí a los dos comentarios.... Me alegra mucho que te haya gustado la historia y que hayas sabido apreciar ese pequeño tono erótico... :-)  En un principio tenía pensado hacer un relato de otro género totalmente distinto, pero con el paso de los días iba viendo más clara esta historia de espías... Con respecto a las frases... Anotado queda tu voto... ¿Qué quieres decir con que son "amaneradas"? Y no, no creo que nos multen por dos motivos (desde la ignorancia), 1º porque citamos al autor original, y 2º porque no creo que lo poco que usamos nosotros pueda ser considerado plagio... Saludos mi querido amigo Frank :-)

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    2. En lo de "amaneradas" me refería a que son (para mi gusto) demasiado largas y pomposas, vamos que casi que tienes ya el relato hecho con solo incluirlas.

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  3. Hola, Ramón. Estoy con Frank en que te has marcado un novelón de cine negro con el añadido de unas escenitas de sexo bastante subiditas de temperatura, lo cual viene que ni pintado para amortiguar el frío que empieza a hacer por estas fechas. Gracias, Ramón. Un abrazo, compañero.

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    1. Muchas gracias por ser tan amable en tu comentario, muy por encima de lo que yo creo merecer, pero se agradece sin duda :-)
      Saludos!

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  4. Siempre te superas. Es un relato que engancha y te deja con la boca abierta. ¡Madre mía! Y con escenas eróticas wow!
    Un placer leerte y seguir en este juego Ramón!

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    1. Si me supero genial, yo me divierto escribiendo y jugando :-)
      Me alegra y me halaga que te haya gustado tanto, Kary.
      Besicos y gracias por seguir jugando.

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  5. A mí me ha encantado. Me ha requetencantado. Me ha recontrachupiencantado, de hecho. Gracias por "regalármelo", jajajaja.
    En cuanto a las frases, pues esta vez no me encanta ninguna. Así que me uniré a la más votada.
    Besucos.

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    1. Me sonrojas, mi queria amiga, me requetesonrojas... jeje
      Un placer el poder regalartelo :-)
      Da igual, de todos modos seguramente este mes o como mucho enero será la última entrega dle juego.
      Besicos!

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    2. Qué me dices?!?!?!?! Y eso por qué, si puede saberse???
      :-(

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  6. Nunca dejas de sorprenderme, pero esta vez la sorpresa fue mayor, me gustó el toque erótico, confieso que me que me quedé con ganas de seguir el romance jajajajaja. Muy bueno Ramón, felicidades!

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    1. Pues me congratula el seguir sorprendiendote, y si además te he dejado con ganas de más, pues mejor todavía, jajajaja
      Pero el romance no podía continuar, ella es muy profesional ;-)
      Gracias por seguir jugando y por tus amables palabras.

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    2. Gracias a ti!! Ah!! y por cierto. Voto por la frase número 4 =D

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  7. Joderrrrrrrr, me ha encantado, me dejas alucinada. Pero deberías haber puesto un par de rombos, para no leerte con compañía, jaja

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    1. Pues si a ti te dejo alucinada, siendo la que hace más tiempo que me conoce... Me quedo con la sonrisa puesta ya todo el dia... :-)
      Y tomo nota para lo de los rombos en próximas historias... jeje

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  8. Como siempre, increíble ^^
    Espero poder participar pronto también ^^
    Aprovecho la ocasión para decirte que te he nominado a los premios Best Blog y Liebster Award ^^ http://katherinathoughts.blogspot.com.es/2014/12/premios-best-blog-y-liebster-award.html
    Espero que te animes ;P
    Un beso!!!!

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  9. Me encantó el realto... es un placer leerte, Ramón. Los próximos días pasaré por el resto.
    Voto por la tercera opción.

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  10. Holitass Ramón!
    Acá vengo con una frase a ver si te gusta:

    —Soy feliz —dijo— porque sólo ahora sé con seguridad dónde está cuando no está en la casa.
    Gabriel García Márquez "El amor en tiempos de cólera"
    Espero la veas adaptable a varios géneros :) Y a seguir jugandoooooooo wiii♥
    Besotes!!

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