domingo, 20 de julio de 2014

#150Palabras-extra (Autoridad, Destino y Espíritu): El Espíritu De Las Palabras

A los que no lo hayáis hecho, os animo a leer la historia desde el principio. Para los que os perdistéis el último capítulo, aquí lo tenéis.



Antes de cometer la atrocidad que había leído, volvió a consultar el Libro.

—     ¿Estás seguro de esto?

Sí…

—     ¿Qué les ha pasado? ¿Por qué están… así…?

Todo a su debido tiempo. Ahora sólo te puedo decir que es una especie de virus. Y que tienes que acabar con su sufrimiento. Ellos no lo están pasando bien precisamente.

—     ¿No hay otro modo? Tropezando con una raíz, comiendo el fruto de aquel árbol, tosiendo tres veces en lugar de cuatro… Cualquier mierda de esas que dices tú que hacen que cambie de un futuro a otro… ¿No lo hay?

Como bien dices, eso es para cambiar de un futuro a otro… Esto ya está en el pasado…

—     ¿Y eso no se puede cambiar?

No, no se puede… Debes hacerlo, de lo contrario tu autoridad se verá comprometida…

—     ¡A la mierda la autoridad! —Dijo, cerrando con furia el Libro.

Maldiciendo entre dientes al destino, al Libro, y a quienquiera que fuera el que lo metiera en aquel lío, en aquel sinsentido de líder de un grupo, rebuscó entre los cubos de basura de la calle adyacente a la que se encontraban los muchachos. Encontró una especie de palo, puntiagudo, muy oportuno, pensó. Demasiado bueno para ser real. Tan bueno que sospechó de que, de algún modo, hubiera sido el Libro el que lo hubiera puesto allí. O le hubiera guiado hasta esos cubos.

Lo empuñó. Según había leído, sólo debía llegar al corazón de los muchachos. O de lo que quedara de ellos allí dentro, si había entendido bien el espíritu de aquellas palabras.

—     El espíritu de las palabras… —Murmuró para sí mismo— Llegar al corazón…

Una luz se le encendió. Apenas era una luz, más bien una lucecita. Quizá no tanto, mas bien un candil. En realidad no alumbraba más que una cerilla, pero lo importante era que algo se le encendió y quiso probar suerte.

Se acercó a los chicos, con la mejor de las sonrisas. Como si con la mejor de las sonrisas se pudiera acabar con esa clase de… seres… Esos que vagan entre la fina línea de la vida y la muerte. Pero él, desde su inconsciencia, lo hizo. El Libro lo observaba desde la lejanía. Incrédulo, como tratando de encontrar sentido, como rebuscando entre los posibles futuros uno en el que aquello acabar en bien.

Al tiempo que él se acercaba, ellos hacían lo propio. Se le ocurrió acompañar a su sonrisa con algunas palabras.

—     ¿Qué tal chicos? ¿Habéis encontrado lo que buscabais? Tranquilos, no me voy a enfadar, ya me ha dicho Paula que habéis venido a buscar algunas cervecillas para mí.

El grupo de muchachos le miraba. En aquella mirada oscura y vacía, parecía despuntar un atisbo de incredulidad. La que tendría un león si un humano se le acercara con ganas de cháchara. Él continuó caminando y hablando.

—     No pasa nada porque hayáis abandonado el grupo, no me miréis así. No estoy enfadado, al contrario, me halaga lo que pretendíais hacer por mí. En serio. Me siento honrado.

Cada vez estaba más cerca. Tanto que ya empezaba a dudar que pudiera escapar de allí corriendo. El Libro sin embargo no tenía ninguna duda, el muy memo no escaparía de allí corriendo.  Pero él continuaba.

—     Soy yo, ¿no me reconocéis? Soy José Andrés, vuestro líder. Vamos chicos, sé que estáis ahí dentro, en algún lugar. Sé que me podéis oír. No me hagáis quedar mal delante de vuestros compañeros. No quiero hacer caso a lo que había escrito en el libro. La solución que aparecía allí era… Bueno… Más radical, sin duda. Pero yo creo que hay otro modo. Creo en vosotros. Creo que las palabras escritas, por muy Libro del Advenimiento que sea, no siempre tienen que ser literales. Creo que siempre debe haber un pequeño hueco para la interpretación. ¿Qué me decís, chicos? ¿Estoy en lo cierto?

A lo lejos, en el Libro, se habría podido leer:

Joder…


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domingo, 13 de julio de 2014

#150Palabras-extra (Caminar, Huella y Lágrimas): Decisiones

Si quieres leer la historia completa, empieza aquí. Si te perdiste el capítulo anterior, lo tienes aquí.



Tardaron menos de lo previsto en llegar al pueblo. El sol seguía lo suficientemente alto como para no necesitar ningún tipo de luz artificial para moverse por él. El grupo llegó entusiasmado, se podía ver en sus caras, aunque fueran en silencio. A él, sin embargo, había algo que le daba mala espina. Notaba como si alguien, muchos alguien en realidad, estuvieran centrando sus miradas en él. No eran las del grupo, estas las conocía bien, eran miradas tiernas, inocentes, de admiración. Sin embargo, las de ahora, eran escudriñadoras, desconfiadas, incluso amenazantes. Pero eso no era lo peor, lo peor era no ver qué o quién estaba tras las miradas.

Quizá debería echar una ojeada al libro. Podría ser que allí encontrar una explicación racional. A lo mejor no era nada, una paranoia más, de las muchas que había tenido desde que estaba al cargo de este grupo. Por otro lado… No quería darle ese gusto al maldito libro… Ese sabelotodo…

Hizo una señal para que todos pararan.

—     Permaneced todos juntos. No vayáis a investigar hasta que yo no lo ordene. Voy ver que nos indica el libro.

Los muchachos asintieron como una sola persona. Él se separó unos pocos metros, en busca de intimidad. Abrió el libro.

—     A ver, que nos puedes decir de… —Sus ojos se abrieron más incluso que su boca— ¡Debes estar de broma!

Llevo horas intentando hacerme notar… Si no me hubieras metido en la mochila…

—     ¡No pretenderás que esto sea culpa mía! ¿Cómo iba a saber yo…? Y no me digas que leyéndote…

Bueno… No lo diré… Pero es así…

—     Algo se podrá hacer, ¿no? Además, ¿no decías que éramos las únicas personas sobre el planeta?

Hombre… Es que llamar a eso que hay agazapado en el pueblo personas… Lo fueron, pero ya no lo serán nunca más…

—     ¿Y qué son? ¿Zombis?

Has visto muchas películas tú, me temo…

—     No estoy para bromas…

No, no son zombis, pero tampoco están vivos… Perdieron su humanidad… Ejem… Esto… Mientras tú… Bueno… Mientras tú estabas emborrachándote por última vez…

—     ¿Y por qué yo… nosotros… por qué no nos afectó?

Esa es una muy buena pregunta, pero no es el momento indicado para hacer ese tipo de preguntas, por buenas que sean. Ahora mismo tienes un problema más impor… Mierda… ¿No les has dicho que se estén quietos?

Se giró y vio como unos cuantos miembros del grupo se habían separado considerablemente del mismo. Cerró el libro y corrió, al tiempo que voceaba. Los muchachos lo miraban desconcertados, sin escuchar muy bien sus palabras.

—     ¿No os he dicho que no os separéis? —El tono de su voz era tan firme que dejó sin palabras a los muchachos.
—     Bueno… Daniel se ofreció a investigar… A ver si había alguna cerveza por ahí para usted… Como parece añorarla tanto… Y otros tres se ofrecieron a acompañarle… —Estuvo a punto de conmoverse. Incluso le habrían saltado algunas lágrimas de no haber leído lo que había leído instantes antes.
—     Joder… No os mováis, ¿queda claro? Permaneced juntos y atentos a lo que pueda pasar.
—     ¿Qué puede pasar?
—     No lo sé —mintió—, pero estad atentos. Y sobre todo, ¡no os separéis hasta que yo vuelva!

Siguió el camino que creyó habían tomado los aventureros del grupo. Había alguna huella suelta que parecía reciente. Huellas que parecían recientes… ¿Qué sabía él sobre todo eso? Él, un tipo cuya máxima preocupación era la siguiente cerveza… Y sin embargo estaba despuntando como un líder… Cualquiera que le hubiera conocido semanas atrás estaría asombrado de ese cambio tan repentino. Él mismo lo estaba…

No tuvo que caminar más de cien metros antes de encontrar a los miembros del grupo.

—     ¡Ey! ¡Muchachos! Vamos, tenemos que volver con el grupo. No nos quedaremos aquí, no creo que sea…

Se dio la vuelta uno de los jóvenes, y después lo hicieron el resto. La imagen que vio no es de las que se olvidan con facilidad. Los cuerpos eran los de los muchachos, pero estaban distintos. Era como si la vida hubiera decidido abandonarles. Se seguían moviendo, incluso parecían respirar, pero… Había algo… La mirada… No estaba vacía, ni ausente, era mucho peor que eso. Era una mirada que te penetraba desde la oscuridad. Era como si te atravesara un miedo ancestral, primitivo. Era, en resumen, el tipo de mirada que te dice a gritos que salgas de allí cagando leches.

—     No me jodas… —Dijo al mismo tiempo que el Libro escribía esa misma frase, aunque por motivos distintos.

Abrió el Libro para ver cuál era el siguiente paso. Lo que leyó no le gustó en absoluto, aunque entendió que era, quizá, lo más prudente. Se giró hacia el grupo y grito:

—     ¡Corred! ¡Corred hacia la loma! ¡Nos vemos allí! ¡Ya!

Los chicos y chicas no dudaron en hacerlo. Tenían muy claro que debían obedecer, y más después del enfado anterior, por el grupo que se había separado. Él los vio alejarse antes de emprender su siguiente tarea.

—     ¿No hay otro modo? —Preguntó al Libro

No…

—     Sólo espero que tengas razón…


 Continúa aquí...




domingo, 6 de julio de 2014

#150Palabras-extra (Antes, Bostezo y Noche): Un Pueblo En La Lejanía

El camino empezó aquí...



Como había intuido, pasó la noche inquieto, sin pegar ojo. Tras el cuarto bostezo decidió levantarse, no sin antes lanzar una mirada amenazadora y maldecir entre dientes al Libro. Este trato de rehuir el contacto visual, haciéndose el distraído.

Se le acercó uno de sus seguidores. Siempre se acercaba uno de sus seguidores. Era una manía muy incómoda esta que tenían.

—     Ya, ya sé… Ahora os diré lo que tenemos que hacer. Deja por lo menos que me estire un poco.

El muchacho paró en seco. De hecho, si un observador ajeno viera la escena en ese momento no lo distinguiría de una estatua. Temía hasta parpadear.

—     Respira, hombre, respira. No es para tanto. Deberíais acostumbraros a mi manera de ser cuanto antes.

El chico se marchó junto con sus compañeros. Él abrió el libro.

Sabes que no es culpa mía. No me puedes colgar a mí todo lo malo que os pase.

—     De quien no es culpa es mía.

Pues eso es lo que he dicho…

—     Cállate…

Deberías callarte tú, ¿no ves cómo te miran los chicos?

—     ¡Por tu culpa! —Gritó, al tiempo que se dio cuenta como las miradas de los allí presentes se centraban en él— Lo ves… —Dijo ya susurrando.

Creo que lo mejor es que os pongáis en marcha.

—     ¿Para qué? Para llevar a parte de estas criaturas a un final horrible.

Bueno… Ejem… Esto…

El Libro le miró como mira un niño a su padre cuando trae malas noticias del colegio.

—     ¿Qué? ¿Acaso no es así? Lo leí con mis propios ojos. Leí que varios iban a morir. Incluso quienes iban a ser y cómo iban a hacerlo. Sé muy bien… —En ese momento su cerebro entendió aquella mirada. Nunca había sido demasiado rápido en sus deducciones.

Sí… Verás… Respecto a eso… Ejem… ¿Cómo decirlo? Ejem… Si salís ahora… Bueno… Podría no morir nadie…
—     ¿Pero a ti que mierda te pasa? ¿No sabes que no he pegado ojo en toda la noche por culpa tuya, de tus palabras? ¿Y ahora me dices que eran mentira?

Esto… Mentira tampoco… Eran verdad en ese momento…

—     ¿En ese momento? ¿Y qué ha cambiado?

Tu...

—     ¿Yo?

Sí… De todas las opciones que tenías, elegiste la de no dormir. Eso abre otro futuro…

—     ¿Y me lo dices ahora?

Bueno, es que yo no puedo influir al cien por cien. Conozco todos los futuros posibles, y te puedo indicar ciertas directrices, como qué camino tomar, por ejemplo, pero no puedo predecir todo. No sé en qué piedra vas a tropezar, si es que lo haces. No sé cuánto va a durar una parada. O Si vais a comer carne o pescado, antes de que lo hagáis. Sólo sé las consecuencias una vez lo habéis hecho, y entonces puedo volver a reescribirme.

Se le quedó mirando con cara de póquer. No había entendido ni la mitad de todo aquello, pero no quería darle esa satisfacción al Libro. Respiró hondo y cerró con fuerza el Libro.

—     Recoged, nos vamos ya.

Los muchachos se apresuraron a obedecer y en menos de diez minutos estaban en marcha.

—     ¿Señor? —Una muchacha interrumpió sus pensamientos sobre la nada, cuando llevaban más de media hora caminando.
—     Dime… —Contestó él sobresaltado.
—     Perdone si le he asustado…
—     No, para nada, para nada… —Dijo él tratando de recobrar la compostura.
—     Nos hemos dado cuenta, señor, de que… Esto… No queremos decirle cómo debe hacer las cosas, ya sabe… Pero… Desde que hemos salido de las cuevas no ha mirado el Libro. De hecho, no lo lleva en la mano… Eh… ¿Lo ha perdido?
—     No. Lo llevo en la mochila.
—     Ah… —Dijo ella, tratando de hacer ver que eso la tranquilizaba. No lo consiguió.
—     No te preocupes. Lo he leído antes de salir. Se lo que debo hacer. —Mintió

En realidad había decidido tomar el mando. No pensaba hacer caso a aquel maldito manuscrito. Al menos en una semana. Lo único que esperaba era que esa decisión no mermara el entusiasmo de los chicos. Sólo habían pasado doce días desde que los conoció. Y ellos desde el primer instante le habían demostrado una confianza ciega en él. Lo que no sabía era si en realidad la confianza era en él o en el Libro.

Llegaron a lo a alto de una loma. A lo lejos vio la primera aglomeración de casas desde que comenzó aquel dichoso viaje. Mandó parar para tomar un descanso. No tenía muy claro qué población podía ser aquella. Ni siquiera si estaría habitada o no. Si hacía caso a lo que había leído en el Libro, ellos eran los únicos supervivientes. O eso creyó entender. De todos modos, con todo aquel galimatías (palabra esta que nunca creyó que iba a usar, ni siquiera en sus pensamientos) de los distintos futuros… No podía estar seguro de que lo que leyó hacía unos días siguiera siendo válido hoy.

Trató de calcular la distancia y el tiempo que tardarían en llegar. Llegó a la conclusión de que podían estar allí antes de que anocheciera.

—     Vamos, si nos damos prisa creo que podemos llegar a aquel pueblo antes de que caiga el sol.

Reemprendieron la marcha. Él se sentía bien consigo mismo. Sobre todo porque veía de nuevo el entusiasmo en los ojos de sus seguidores. Sonrió…
… Mientras tanto el Libro… Digamos que habría gritado, aullado, dado saltos… Habría hecho todo lo posible por hacerse notar. Cosa que le era imposible, tanto por su condición de libro, como por estar metido en el fondo de una mochila…


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jueves, 3 de julio de 2014

Día 73: Una Víctima De La Gravedad

Si te animas a leer la historia desde el principio empieza aquí. El capítulo anterior es este.



            Hoy he aprendido algo sobre ingravidez. No es conveniente jugar con líquidos ni fluidos cuando no se tiene gravedad. Vamos, en otras palabras, no es conveniente masturbarse sin gravedad. Es algo que debería caerse por su propio peso, pero no, no lo hace y sigue flotando... Menos mal que me he dado cuenta hoy y no al principio del viaje, al menos ya voy teniendo pericia y he podido evitar algún momento desagradable. Eso sí, me he dejado “aquello” flotando por la cámara de ingravidez, sólo espero que no lo tenga que limpiar Mandy... Y que los otros no se chiven, porque los puedo moler a descargas...

            Ah, ya se como se llama la nave: “Navegante”. Yo creía que me lo decían a mi, porque siempre empezaban las conversaciones así los de la Agencia: “Tierra llamando a Navegante, Tierra llamando a Navegante... Alejo, coño, ¡contesta!”. Bueno, más vale tarde que nunca... Al menos me he dado cuenta de eso antes de acabar de recorrer la nave, cosa que mañana sin falta voy a hacer. Según el plano que me dieron hay más de 20 departamentos y yo me he limitado a seis, sala de mandos, cámara de ingravidez (por Dios que no la limpie Mandy...), gimnasio, cocina, baño y dormitorio... Mañana también reflexionaré sobre lo que me costó encontrar el baño... Hoy no quiero ni recordarlo...

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