jueves, 13 de marzo de 2014

Soledad, querida amiga



La soledad era su única compañía en aquella biblioteca. No era algo que le importara. Ella no pensaba que estuviera sola. A fin de cuentas estaba rodeada de mucha gente. Todos ellos dentro de las páginas de aquellos libros, cierto. Pero las estanterías estaban repletas de ellos.
Allí había capitanes, como Ahab. Terratenientes, como Escarlata O’Hara. Piratas, como el de la canción de Espronceda. Gente diferente, como Ignatius J. Reilly. También había otro tipo de seres, muchos de los cuales poblaban las pesadillas de mucha gente, como Drácula o Frankenstein. Pero a ella no le asustaban. Sabía que en el fondo eran inofensivos. Eran unos incomprendidos. Como ella.
Ella siempre había sido la rarita del grupo por ese motivo, porque le gustaban más los personajes de las novelas que la gente real que le rodeaba. Al principio, en su juventud, lo pasó mal. Las burlas eran continuas. Ahora ya no. Había aceptado su rol. Por eso le daba igual la soledad de aquella biblioteca. A pesar de los miles de personajes de aquellos libros. A pesar de las docenas de cadáveres, entre profesores y alumnos,  que había dejado en su camino a su santuario particular. A aquella biblioteca. Sonrió feliz.

martes, 11 de marzo de 2014

43 Días Para El Lanzamiento: Como Un Pez


La historia hasta ahora 70 días, 65 días, 60 días, 50 días...


Yo no sé qué les ha dado a esta gente. Si han estado mucho tiempo al sol, y por la falta de costumbre se les ha recalentado la testuz, o qué. Lo que sí sé es que siguen empecinados con los temas de gravitación. Son como un perro con un hueso, cuando lo agarran ya no lo sueltan.
El caso es que continúo con el entrenamiento para, según ellos, los momentos en los que pueda surgir la ingravidez. Eso lo entiendo poco. Pero lo que entiendo menos aún es, ¿qué carajo tiene que ver todo eso con una piscina? Porque allí es donde me tienen entrenando, en una piscina. Con traje espacial y todo, eso sí, pero en una piscina. Que parezco más un buzo de esos que ponen en las peceras, que un astronauta. Claro, que tampoco es que sea yo un experto en estos temas. A lo mejor los momentos de ingravidez a los que ellos se refieren, es a lo que los demás llamamos una inundación. Y ellos lo llaman así para hacerse los listos. Cualquiera sabe.
Ahora mismo, lo que me gustaría borrar de mis recuerdos es el primer día de entrenamiento en la piscina. Madre mía, que sofoco pasé. Me quería morir, cosa que por otro lado casi ocurre. Y es que, aunque he nacido en una localidad costera, no sé nadar. Y claro, entre los nervios por el entrenamiento, el traje, el agobio por verme en el agua… Menos mal que había buzos de verdad allí…
Todo eso ha obligado a un retraso en los plazos del programa. Al final se dieron por vencidos ayer y decidieron que usara manguitos mientras durara el entrenamiento. Al principio me sentí un poco humillado. Porque los que me dieron eran de la sobrina de un ingeniero y son de Hello Kitty. Yo creo que lo hicieron para burlarse de mí. Como si yo no diera suficientes motivos…  Aunque reconozco que con los manguitos puestos me sentí aliviado.
Que no se me olvide preguntar si me puedo llevar los manguitos al viaje. Que sería de tontos que ellos retrasaran mi envejecimiento y yo me muriera ahogado. Qué final más triste sería ese…


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domingo, 9 de marzo de 2014

150 Palabras (Blanco, Cuento, Viento): Pueblo Blanco


—     Deja que te cuente un cuento. “Érase una vez, en un pueblo blanco…”
—     ¿Por qué era un pueblo blanco, mami?
—     Porque todo estaba pintado de ese color. Y todos vestían con él.
—     ¿Por qué…?
—     No interrumpas, deja que te lo cuente.
…”En ese pueblo todo el mundo era feliz. Se podía ver a los niños hacer volar sus comentas, los días de viento, mientras sus madres los llamaban para que acabaran sus meriendas. Los papás, mientras tanto, estaban en casa preparando la cena para toda la familia.”
—     ¿No trabajaban?
—     No, no trabajaban.
“En el pueblo todo era de todos. Nadie se creía mejor que nadie. Todos se querían y respetaban. No existía la envidia, ni el odio. Ni mucho menos la guerra o la violencia. Era un lugar paradisíaco cuando lo dejamos.”
—     ¿Era? ¿Ya no lo es?
—     No, Jacinto, ya no.
—     ¿Qué pasó?
—     La humanidad, eso es lo que pasó…

viernes, 7 de marzo de 2014

Abrió Los Ojos


Abrió los ojos, seguía allí. Los volvió a cerrar para abrirlos de nuevo, seguía allí. Cuando se disponía a repetir la operación oyó una voz:

Seguiré aquí cuando los abras.

-          Pero, eres…

-          ¿Un dinosaurio? Sí. Un brontosaurio, concretamente.

-          Y estás…

-          ¿Leyendo el periódico Información? Sí.

-          Pero eres…

-          Un dinosaurio, eso ya lo tenemos. He leído eso que escribías, pero es muy corto y me aburría. Sabes que puedes llegar hasta 150 palabras, ¿verdad?

-          Es que no se me ocurría nada más. Como no ponga: “Vendo finca rústica”…

-          También te cabría: “Precio a convenir”, ya puestos. De todos modos la historia tampoco es tuya…

-          ¿Y cómo es que hablas?

-          ¿En serio? ¿Eso es lo que…

Un timbre interrumpió la conversación percutiendo en sus tímpanos.  No fue lo único que interrumpió, también su sueño.

Respiro, aliviado.

Abrió los ojos.
Seguía allí.

miércoles, 5 de marzo de 2014

50 Días Para El Lanzamiento: Hospital


En episodios anteriores... 70 días, 65 días, 60 días...


Cada día que pasa tengo más sospechas de que soy el único pardillo que se presentó voluntario para este viaje. Mis sospechas se fundamentan en que, de todas las pruebas físicas y mentales que me están haciendo, no he sido capaz de pasar ninguna. Ni las analíticas tampoco han estado de mi parte. La ciencia ha conseguido demostrar, tras varias pruebas, lo que todas mis exnovias vieron en un par de días, que soy una piltrafa humana.

Por ejemplo, el otro día me hicieron subir a una cinta de esas de cardio. Me pusieron unos sensores en el pecho y demás, para controlar mis pulsaciones y toda la parafernalia. Lo mejor de esa experiencia fue que vomité, con eso lo digo todo. Pero vomité nada más subir a la cinta. Sin siquiera ponerla en marcha. Yo ya les había avisado de que tengo vértigo, pero ellos no me hicieron caso, argumentando que sólo eran unos centímetros. No entiendo el alboroto posterior. Si la máquina se echó a perder por un simple vómito no sería de tan buena calidad.

Asombrosamente, a pesar de eso, sigo dentro del proyecto. De ahí mis sospechas.

Lo último que me han comunicado es que van a someterme a un tratamiento. A una especie de arreglo quirúrgico, con el fin de tratar de ralentizar mi envejecimiento y, si sale bien el asunto, frenarlo del todo. Yo he preguntado si había algún riesgo, y ellos me han dicho que no. Sinceramente, no me ha parecido que me dijeran la verdad. Lo que me hace dudar son las risas mal disimuladas con las que me contestaron. Pero bueno, lo mismo consiguen hacer de mi algo de provecho después de todo…

De todos modos estoy bastante acojonado. A mí el tema quirófanos me da mucho miedo, llamadme gallina. De hecho todo lo relacionado con agujas y objetos punzantes o afilados me da repelús. Y ellos lo saben, ya me han visto llorar todas las veces que me han sacado sangre. Eso sí, han sido siempre muy amables al ponerme tiritas del pato Donald, uno de mis ídolos. Aunque me da la sensación de que ellos lo han hecho a modo de burla, pero no se lo tendré en cuenta.

Que no se me olvide comentarles si, ya que entro en quirófano, me pueden operar mi fimosis, que debido a mi pánico a los objetos afilados no me han operado todavía… Aunque por otro lado, para lo que la voy a usar a partir de ahora… Y tampoco sé si confiarles esa tarea a ellos, el otro día me dijo un doctor que sólo de verme le provocaba urticaria, y yo no quiero que me contagien nada raro por un quíteme allá esas pajas (o en este caso póngame)…


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domingo, 2 de marzo de 2014

150 Palabras: Amistad (Ventana, Tejado, Flauta)


Su cama estaba junto a la ventana y ésta ejercía de cordón umbilical entre el mundo exterior y él. Cuando tenía los ojos cerrados los sonidos hacían de banda sonora de sus días. Cuando los tenía abiertos la película era completa. Los pájaros revoloteando por el cielo en busca de un árbol al que llamar hogar. El sonido de los coches, en los que él imaginaba cómo los padres llevaban a los niños en la escuela.
Había algo más que llenaba sus días. Siempre puntual, a las cinco y media de la tarde, su amigo Juan se subía al tejado de su casa, dónde sabía que su amigo Pablo podría verle y tocaba la flauta. Era una muestra de amistad, de amor incondicional, entre dos niños que se conocían desde los dos años. Una muestra diaria desde que Pablo tuvo el accidente que lo dejo postrado en esa maldita cama.